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Por encima de las montañas

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Vistas al río desde las cataratas de St. Mary en Glacier National Park, Montana.

 

Cuando pasas tiempo en la naturaleza, extraviado en lo salvaje y especialmente en las montañas, existe una sensación de tranquilidad difícil de hallar en nuestro día a día en el trabajo. Sensaciones que te llenan de humildad, felicidad, calma y eterna gratitud. Percibes con toda claridad la realidad de la vida (aunque ahora ya lo olvide poco a poco), lo insignificantes que somos y la necesidad imperiosa que tenemos los seres humanos de volver a conectar con la naturaleza. El naturalista John Muir escribió en uno de sus artículos “manteneos cerca del corazón de la naturaleza, y de vez en cuando romper hacia un lugar lejano intacto, escalar una montaña, pasar una semana en el bosque. Limpiar vuestro espíritu.” Pienso que por encima de las montañas, solo están Dios y nuestros antepasados, por eso pasar tiempo en ellas es una buena manera de conectar con nosotros mismos.

 

Este verano decidimos hacerlo. Conectar de nuevo con las montañas y los cielos estrellados. Un viaje en familia empezando por Seattle y su fabulosa costa y que nos llevó hacia el este hasta el Parque Nacional de Yellowstone, al norte hasta el Parque Nacional de Jasper y de vuelta por el lejano oeste canadiense hasta Vancouver. Nuestro primer Road Trip en mayúsculas con nuestra hija de 3 años puede parecer algo ambicioso por distancias y noches de camping, pero sin duda ha sido toda una experiencia.

 

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Lake Crescent, en la península de Olympic, Washington.

 

Quisimos que nuestra primera etapa del viaje fuera por la costa del estado de Washington para tener la sensación de hacer un plan de verano (playa, como buenos españoles). La costa no es infinita, pero casi, y es difícil elegir qué lugares visitar, aunque para nosotros las islas de San Juan era por donde queríamos empezar ya que es uno de los mejores lugares del mundo para avistar Orcas. El desembarque es en un pueblo de pescadores donde todo está cuidado al detalle: Friday’s Harbour, con un café fantástico (Cheesecake café) mirando a la marina y la bahía plateada. Allí se ofrecen múltiples servicios y actividades para disfrutar de la isla. Hacer kayak en el Lime Kiln State Park es sin duda la excursión más potente ya que puedes tener encuentros con estos increíbles mamíferos realmente cerca (ha de ser muy temprano por la mañana así que es imprescindible hacer noche en la isla). Otra opción por supuesto es contratar una excursión en barco, con dos salidas al día y con una mayor probabilidad de encuentros con este fantástico animal. También se pueden alquilar bicis o motos para recorrer la isla y disfrutarla a tu ritmo visitando todos sus parques, playas, desfiladeros y lugares en definitiva, mágicos. Tiene fama de ser uno de los lugares con más movimiento hippie de Washington State, además de un festival de jazz muy conocido (los primeros días de agosto).

 

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Friday’s Harbor, Islas de San Juan

 

No menos impresionante es conducir por la US 20 desde Anacortes (puerto de entrada a las islas de San Juan) rumbo al sur por  la isla Widbey haciendo parada en el parque estatal de Deception Pass (muy recomendable, vistas asombrosas y senderos preciosos) para después tomar el ferry y comer en el pueblo pesquero de Port Townsend. Una vez allí, ya estas en la península de Olympic, hogar de uno de los Parques Nacionales más impresionantes de todo E.E.U.U. tanto por extensión, como por variedad de ecosistemas ya que presume de tener selvas templadas a unas latitudes muy poco habituales así como la cadena de montañas Olímpicas de paisaje alpino y una línea de costa dramática famosa porque salía en la película de Crepúsculo (Ruby Beach). Todo en esta hermosa península es digno de ver y disfrutar con tranquilidad, dedicando un tiempo a explorar sus áreas más remotas. Aunque los lugares más turísticos como Hurricane Pass, el lago Crescent, las aguas termales y cataratas de Sol Duc junto con la selva de Hoh, fueron los lugares que más nos impresionaron.

 

 

Pero el viaje debe continuar, y aunque nos falte tiempo para disfrutar de todo como nos gustaría, hemos completado la lista de lugares que queríamos visitar de nuestra primera etapa en los alrededores de Seattle (creemos que con buena nota). Empezamos a dejar la costa atrás y nos adentramos hacia los enormes bosques de la Cordillera de las Cascadas y hacia la montaña más alta de E.E.U.U. continental; el Parque Nacional Mount Rainier. Un auténtico coloso de 4.392 metros sobre el nivel del mar y según dicen, uno de los volcanes más peligrosos del mundo, por la concentración de glaciares masivos (la mayor concentración de ellos en E.E.U.U. exceptuando Alaska). Esta formación es visible desde la capital de la Columbia Británica y desde cualquier avión comercial que vuele hacia Seattle o Vancouver. Su magnitud es tal, que llega a ser algo espiritual encontrarte con ella frente a frente.  Por eso Mt. Rainier es uno de los Parques Nacionales más bonitos que hemos conocido. Por sus bosques en las faldas del volcán llenos de cedros y abetos de hasta 1.000 años de antiguedad, por sus pintorescos pueblos de alrededor como Longmire o Pacwood, su fauna con osos, pumas y ciervos, fácil accesibilidad (Paradise, cuenta con un camino pavimentado para sillas de ruedas y carritos dentro de los 100 mejores paseos naturales de los E.E.U.U.), pero sobretodo, el contraste de las flores de todos los colores con el pulido granito de sus valles irguiéndose en la inmensidad del cielo azul y las relucientes nieves de sus glaciares. En definitiva, un lugar de visita obligada para todos aquellos que viajen a Seattle.

 

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Cumbre en el Paradise trail cerca del Panorama Point, Mount Rainier

 

Seguimos adentrándonos en el interior de los E.E.U.U. hacia el estado de Utah, con paradas interesantes como Rimrock Lake, las cataratas de Palouse Falls State Park o la sorprendente ciudad de Coeur D’Alane con su imponente lago. Si eres como nosotros y te gusta dar pedales en la naturaleza, aquí se encuentra una de las mejores zonas de cicloturismo de los E.E.U.U., con una vía ciclista por la naturaleza de 72 millas (119 kilómetros), perfectamente pavimentada y que conecta esta ciudad con el pueblo minero de Wallace. El contraste entre la ciudad y el pueblo es muy representativo de la cultura americana (antigua y moderna) y la naturaleza acompaña el viaje en todo su esplendor. El pequeño pueblo de Wallace es encantador, repleto de servicios muy originales y actividades en la naturaleza. Es la entrada al puerto de montaña de Lookout Pass, una estación de ski que cuenta con otra atracción imponente para las dos ruedas. El Hiawatha Trail, unas antiguas vías de tren adaptadas ahora al ciclismo de montaña que recorren 25 kilómetros de bosques con cedros ejemplares, túneles de más de 3 kilómetros por debajo de las montañas, puentes que cuelgan del cielo, antiguas aldeas mineras,.. Y lo mejor de todo es que es ¡Todo bajada! con una organización excepcional, bicis de alquiler para todos los gustos, carritos, vacas para el coche y hasta un servicio de recogida al final del camino que te vuelven a subir de vuelta hasta la estación de esquí para devolverte a tu coche y seguir el camino. Podéis ver todo esto y mucho más en http://www.ridethehiawatha.com/

 

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Vistas del Hiawatha Trail con uno de los puentes por los que se pedalea.

 

Y es que el camino a Yellowstone es largo. Es el precio que hay que pagar para llegar a un ecosistema de más de 9 millones de hectáreas de abundante naturaleza. Pasados los estados de Idaho y Montana, conocimos dos ciudades muy recomendables; Missoula y Bozeman (Wyoming) antes de llegar al Parque Nacional de Yellowstone. El primer pedazo de tierra protegido al avance de la humanidad de nuestra historia. Una isla ecológica dentro de un mar de impacto humano y uno de los pocos lugares del territorio norteamericano en el que todavía se puede imaginar (y recordar) lo que era el ciclo de la vida cuando todavía existían las grandes migraciones. Osos, lobos, pumas, ciervos, bisontes, alces, renos, castores, truchas y un sin fin de fauna muy fácil de encontrar. Géiseres, calderas, cráteres y ríos de lava extintos por donde pasan cataratas imposibles. Bosques, montañas, lagos y rápidos. Todo dentro de un parque muy bien capacitado donde a pesar de las grandes afluencias de público, puedes perderte en lo desconocido así como ver lo más turístico en familia y seguirás con la boca abierta.

 

 

La experiencia en camping es perfectamente recomendable, no hay nada como levantarse y desayunar con un bisonte a unos metros de la tienda de campaña y que tu hija alucine (literal). Los animales están tan tranquilos adentro del parque que en el camping es muy fácil encontrarte con muchos de ellos. Además están muy bien organizados, baños perfectamente limpios, parcelas con suelo vegetal (muy cómodo para montar tiendas), agujeros para el fuego con parrilla, duchas relucientes (de pago), lavandería, tienda, restaurante, charlas naturalistas cada noche, etc,.. Tan solo hay que ir bien preparados y tener un poco de suerte con el tiempo (a nosotros nos nevó en finales de julio). Los alojamientos en Lodge & hotel dentro del parque tienen un precio alto, pero lo más complicado es conseguir disponibilidad, por eso es muy importante adelantarse al máximo si quieres estar en las mejores localizaciones. A nosotros 5 días se nos hicieron cortos dentro del parque ya que las distancias son enormes, aunque mínimo diría que 4 días para ver lo esencial.

 

 

Pero este viaje no acababa aquí. Queríamos seguir adentrándonos en las rocosas y después de decir adiós a Yellowstone fuimos rumbo norte a otro Parque Nacional: Waterton-Glacier National Park, el primer Parque Internacional de la historia ya que lo comparten E.E.U.U. y Canadá. Lugar de nacimiento de 3 de los ríos más importantes de Norteamérica; Nelson, Columbia y Mississippi. El macizo montañosos considerado como “la corona del continente” atrae a las especies de los territorios del norte, especies marítimas del oeste, de las praderas y sabanas de Ontario y como no, las del sur de las rocosas. Todo en un espacio muy reducido y de topografía espectacular. Glaciares, bosques, lagos, ríos, picos y llanuras repletos de senderos muy bien comunicados entre si gracias a un sistema de lanzaderas que cada 30 minutos recorre la arteria principal del parque y conecta cada entrada y salida de los senderos con los parkings y centros turísticos, permitiendo así una movilidad excelente. Seguimos además en tierras de osos y grandes carnívoros como el puma y el lobo con un índice de supervivencia exagerado, por eso siempre recomiendan llevar siempre un spray anti osos y evitar caminar solo, siempre en grupo y haciendo ruido, para evitar encuentros peligrosos.

 

 

Como nuestro viaje trataba de alejarnos de la rutina al máximo huyendo de teléfonos, televisiones y luz artificial, seguíamos con nuestro plan de acampar y disfrutar de las noches a la luz de la Vía Láctea. De veras es impresionante lo prohibido que tenemos verla en los lugares más habitados del planeta. Según un informe de International Dark Sky Asociation, más de DOS TERCIOS de los estadounidenses no pueden ver la Vía Láctea desde sus casas y si todo sigue como hasta ahora un 99% no la podrán ver en el 2030 https://www.nps.gov/glac/learn/nature/night-sky.htm. No somos conscientes de la importancia que tiene para los animales (y nosotros mismos) los cielos no contaminados luminicamente ya que se guían por ellos para cazar, reproducirse, navegar o simplemente saber donde están. Monte Rainier, Yellowstone y Glacier son parques que cuidan mucho la contaminación lumínica y por eso las noches en la intemperie escondían un regalo tan especial. Así que pasamos de largo la ciudad de Calgary y fuimos directos a por otro Parque, esta vez en Canadá, el Parque Nacional de Banff.

 

 

Primera noche (de tres) en un camping más modesto que los que encontrábamos en E.E.U.U. aunque si hay que decir que las duchas no son de pago (eso es un plus), pero un estado de alerta por riesgo de fuego en todo el territorio de Alberta y British Columbia nos negaba la posibilidad de encender nuestras fogatas, así que menos contaminación lumínica para los cielos canadienses. El pueblo de Banff tiene muy buen ambiente, con miles de actividades que hacer y en donde lo esencial es visitar las Cascadas del río Bow y el Teleferico de Banff a la cima Mtn. Sulphur (increíbles vistas), así como excursiones de rafting (imposible con la pequeña) e infinidad de senderos para terminar con un café obligatorio en el hotel Fairmont. De camino a Lake Louise es imprescindible visitar el Cañón Johnston y hacer un pequeño paseo a las cascadas Upper. Ya en el bonito (y concurrido) Lake Louise, es muy recomendable el paseo a un salón de té que sale por un caminito del hotel Fairmont, parecido al de Banff, pero con menos encanto. La puesta de sol en el Morrain Lake es muy recomendable.

 

 

Tres días en Banff son pocos, así que si podéis, estirarlos. Nosotros tuvimos que poner rumbo a Jasper y de camino nos encontramos con la carretera escénica más bonita de todas, se disfruta cada metro, por eso recomendamos conducir despacio, admirando la belleza de las rocosas y hacer paradas en diferentes miradores y puntos de interés; Glaciar Crowfoot, Peyto Lake, Bow Lake, Cascadas Sunwapta y Athabasca, etc,.. Solo el trayecto es merecedor del viaje, aunque tengas pocos días, simplemente es sobrecogedor. Además de la posibilidad de ver desde el coche ciervos, osos, aves,… Jasper tiene la perfecta armonía entre entorno y ambiente, la sensación es que el pueblo es jóven, deportista y comprometido con su espectacular naturaleza. Allí encontrarás todos los servicios que puedas necesitar y esta vez el camping, bastante mejor que el de Banff. La primera mañana nos encontramos con un oso negro subido a la copa de un árbol en nuestro camping y fue absolutamente delicioso verle trepar el cedro antes de empezar nuestra caminata. Realizamos una excursión muy bonita que a lo largo del río Atthabasca y hasta el lago Annette donde pasamos la tarde en la playa disfrutando de un merecido descanso. Y es que las posibilidades de andar por senderos en Jasper son prácticamente ilimitadas, con senderos también para bici de montaña, actividades como rafting, excursiones a caballo, lugares impresionantes como el lago Maligne. También cuenta con otro Fairmont, esta vez más tipo Lodge en una ubicación de nuevo mágica con un precioso lago y las mejores vistas de Jasper. Subir al teleférico y disfrutar de sus vistas espectaculares te permiten en días de claridad, ver Mt. Robson (la montaña más alta de las rocosas canadienses).

 

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Un oso negro encima de nuestras cabezas sobre el sendero del río Athabasca

 

Pero es que Banff y Jasper son solo el principio si te quieres extraviar en el oeste Canadiense. Después de conocer el Mt. Robson y si tus ganas de viajar te lo permiten, puedes seguir las rocosas hasta llegar al Yukón, adentrarte en Alaska y bajar en barco por los fiordos conociendo la isla de Vancouver. Whitehorse, Denali, Toffino,… Son tantos los lugares que se quedan en el sueño de bosques y montañas por conocer, que a pesar de haber recorrido más de 6.000 kilómetros de pura naturaleza, seguimos queriendo más. Sueños que se repetirán a lo largo del año transmitiendo fuerza y voluntad de cumplirlos. Sueños que también ayudan a vivir.

Cerramos los ojos, soñamos y en tres, dos, uno, estaremos haciendo maletas de nuevo.

 

Claves para el éxito de un viaje con niños:

-No seguir un guión muy estricto de viaje, dejando lugar para la improvisación.

-Intentar agrupar muchos días en los puntos más interesantes del viaje, para que en caso de no llegar a tiempo, puedas permitir eliminar un día.

-No viajar más de 400km en un solo día.

-Llevar juguetes fáciles de usar en un coche así como una buena playlist de canciones infantiles que le gusten.

-Para niños de 4 años, intentar mantener los caminos sin mucha elevación, circulares y que no excedan de los 5 kilómetros.

-Tener siempre agua y comida y ropa de abrigo.

-Paciencia y empatía.

-No ser exigente con la cantidad de lugares y actividades que se quieran conquistar

-Llevar siempre un seguro de viaje familiar, ya no solo por cosas graves (razón fundamental), también pueden pasar cosas sencillas como perderte la maleta en el avión con todas las fotos del viaje (como es nuestro caso) y reclamar sin seguro puede convertirse en una auténtica pesadilla.

 

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Ruta del Cacao

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Verde, exhuberante y llena de vida, así es la ruta del cacao. Un viaje que recorre la zona sur del estado de Bahia, la región más importante en producción de cacao en Brasil así como  uno de los únicos lugares del mundo que conserva la Mata Atlántica, una de las selvas más amenazadas del planeta (solo encontrada en Argentina, Paraguay y Brasil).

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Una costa muy poco conocida por el turismo masivo pero muy familiar para todos aquellos que aman la naturaleza, el mar y la cultura baiana. La ruta comienza en Ilheus, la ciudad más importante de la época dorada del cacao, famosa por ser la ciudad que vio nacer a Jorge Amado y que conserva todavía joyas como la catedral de San Sebastián, el teatro municipal o el famoso bar Bataclán. Si seguimos la ruta hacia el norte, nos adentramos en el corazón de la APA (Area Ambiental Protegida) de Serra Grande, zona declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO para la conservación de la Mata Atlántica. De este antiguo bosque neotropical que solía cubrir más del 15% del territorio de Brasil (recordemos que es el 5º país más grande del mundo), hoy en día solo se conserva un 7% del área original (si, hemos devastado el 93% restante).

Por eso allí nos encontramos con la Fazenda Juerana Milagrosa. Una hacienda ecológica que nace del amor a la conservción de este ipresionante lugar, con habitaciones cómodas pero sencillas, una agradable sala común y un restaurante vegetariano donde el 99% de los ingredientes son orgánicos y provienen de la misma finca. Una antigua hacienda de cacao comprada por sus actuales dueños en el año 2.000 solo para impedir que se siga talando y exterminando este importante entorno en pro de otras formas más rentables de explotar tierras como la ganadería o el monocultivo. Hoy en día sigue produciendo un cacao 100% ecológico y ofrece opciones de trekking muy interesantes, baños en cascadas espectaculares, descenso en kayak hasta playas paradisíacas y en definitiva, una conexión con el mundo natural muy especial.

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Alrededor de Serra Grande tenemos otras opciones de alojamiento de distintas categorías como lo es el Txai Hotel, que pertenece a la lujosa cadena de Relais and Chateaux, con un nivel de servicios excelente, en un lugar privilegiado que sin duda hará las delicias del cliente más exigente. Todo siempre bajo el paraguas de la conservación y el respeto a este hábitat tan amenazado y único en el mundo, que en este caso también está involucrado en un importante proyecto para la conservación de tortugas marinas; Proyecto Tamar (www.tamar.org.br/)

En esta zona que recorre desde Ilheus hasta Salvador, el cacao está presente en los paisajes, en la economía y en la cultura de cada lugar, aunque quizás donde más se palpa es en Taboquinhas, un pequeño pueblo al interior de Itacaré a orillas del río Contas donde el cacao se escribe con mayúsculas. Allí, además de un raffting divertidísimo clase IV, existen varias haciendas que explican al detalle el proceso de cómo el cacao se convierte en chocolate. La planta crece con un método tradicional denominado “cabruca”, un sistema de agricultura basado en crecer las plantas de cacao bajo la sombra de los grandes árboles de la Mata Atlántica mediante un proceso de limpieza de matorrales y arbustos pequeños. Gracias a este método (y a pesar de introducir ciertos cambios en la alimentación y comportamiento de las más de 1.600.000 especies que viven en él), el cultivo del cacao es el responsable de que hoy en día todavía se conserve ese 7% de un hábitat tan crucial para nuestro planeta. -Se calcula que 120 millones de personas dependen de este ecosistema (la segunda selva más amenazada del planeta), ya que es la selva quien regula el clima, la temperatura, la estación seca y lluviosa, los acuíferos que abastecen de agua a las grandes ciudades y la fertilidad de los campos.-

En Taboquinhas se encuentra la Hacienda Vila Rosa, una hacienda-palacete con más de 150 años de historia en la que Bibi, el encargado de la finca (y heredero directo del antiguo terrateniente) es el que te lleva de paseo por sus campos, fábrica y hasta por las habitaciones del hotel con historias que te hacen sentir como en 1900. Todo esto en un lugar mágico rodeado por piscinas naturales, una densa vegetación y la niebla tan característica del río Contas.

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En su desembocadura encontramos Itacaré, conocido en el mundo entero por sus olas y playas paradisíacas como Tiririca o Jeribucaçu, lugar de culto para surferos y artesanos que buscan un sitio donde conectar con la naturaleza y alejarse de las grandes ciudades. Un pueblo que conecta mediante un trekking inolvidable de varias horas cascadas, playas, selvas, buceo y  hoteles y restaurantes con muy buena onda. Un pequeño pueblo de calles de arena que mantiene aún el encanto de un pueblo de pescadores, todo ello rodeado de esa espesa selva baiana.

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Siguiendo al norte, nos encontramos con otro lugar mágico; la península de Maraú. Un idílico lugar para terminar la ruta cultural del cacao en lo que son algunas de las mejores playas del litoral brasileño, con una laguna de agua dulce a un lado y en el otro, un mar bravo perfecto para surfear y pescar, combinado también con arrecifes que forman piscinas naturales perfectas para el baño. Todo en pousdas tan especiales como Lagoa do Cassange, perfectamente localizada frente a una de esas piscinas naturales de arrecifes y especializada en turismo colaborativo con comunidades locales, con un proyecto-escuela para llenar el tiempo libre de los niños y jóvenes de Maraú, especialmente Involucrados en el medio ambiente y en mantener su identidad, costumbres y raíces. La posada cuenta con una oferta de excursiones muy interesantes como pesca tradicional con pescadores locales, o noches de samba con las comunidades cercanas.

Todo viaje tiene su fin y que mejor final que en la ciudad de Salvador, en el mítico barrio del Pelourinho, con una buena batucada y una caipirinha, gastando tu tarjeta de memoria fotografiando cada tejado, esquina o lucha de capoeira. Perdido en una puesta de sol en Barra o dando una ofrenda a la diosa Yemanyá en Río Vermelho. Comprando un recuerdo en cualquiera de sus mercados con sus pulseras de colores, estatuas de dioses o collares de semillas. Cenar una deliciosa moqueca junto con una Bohemia y escuchar una canción de Vinicius mientras dices adiós a los baianos, esperando recordar por un tiempo al menos, su eterna sonrisa.

Paisajes Patagónicos

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“Llegamos a la base de las Torres después de haber pasado por cada una de las cuatro estaciones del año. Era invierno cerrado a pesar de estar en pleno verano chileno y esperábamos urgentemente a que el cielo abriera para poder ver las Torres. La caminata desde la hostería nos había regalado ya un águila Mora, un precioso Gavilán y unos antiguos bosques de Lenga mágicos. Habíamos pasado por hermosos lagos, ríos, cascadas y en un momento de lluvia furiosa tuvimos que hacer un merecido descanso en el acogedor refugio El Chileno. Tres horas de subida y a tan solo 900 metros sobre el nivel del mar es donde acaba uno de los senderos más transitados del Parque Nacional Torres del Paine, pero seguía nevando y la niebla no nos dejaba ver las torres…”

 

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La esencia de un viaje es lo que se queda en la memoria a través del tiempo, y un viaje a La Patagonia está repleto de momentos que nunca olvidarás. La estepa árida colmada de arbustos, matas y yerbas, es el hogar de pumas, guanacos y tan solo unos pocos seres humanos. Vigilada por el majestuoso vuelo del Cóndor y la cordillera de los Andes esta es una tierra de imágenes imborrables.

 

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Empezando por el cruce andino desde Puerto Varas (Chile) hasta Bariloche (Argentina), el viaje recorre una serie de lagos, bosques y cordilleras impresionantes. Primero con el volcán Osorno en el lago Llanquihué, cónico y de perfectas dimensiones. El Parque Nacional Vicente Pérez Rosales y sus senderos de suelo volcánico donde puedes divisar los rápidos y las cascadas del río Petrohué. El lago de Todos los Santos, de color esmeralda y sus volcanes Tronador y Puntiagudo. Uno ruge como un trueno al desprender enormes trozos de hielo de su glaciar y el otro parece un hormiguero de tamaño colosal. Espesos bosques de Lengas de 40 metros de altura, vestigios de que el cono sur americano y Nueva Zelanda y Australia una vez estuvieron unidos en el Super-continente Godwana. El lago Nahuel Huapi da nombre al primer Parque Nacional de Argentina y al más extenso, uno de los destinos turísticos más importantes del país con infinitas posibilidades de ocio tanto en invierno como en verano y un lugar que a nadie deja indiferente.

 

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Un poco más al sur seguimos adentrándonos en tierra patagónica hacia El Calafate, un pueblo con muy buen ambiente y una base de operaciones perfecta para visitar el Parque Nacional de los Glaciares y el Perito Moreno. Buenos hoteles y servicios, restaurantes deliciosos de asados patagónicos, artesanía, museos y una hermosa vista al lago Argentino. La masa de hielo del “Perito” impresiona incluso al más experimentado de los viajeros. Con sus 5km de longitud, el glaciar más famoso del mundo goza de una buena salud (está estable) y en sus momentos de máxima expansión llega a conectar con la Península Magallanes dividiendo el lago Argentino en dos y originando un desnivel entre los dos brazos del lago que por presión llega al colapso y finalmente se derrumba, un espectáculo que todo turista sueña con presenciar y que ha sucedido recientemente. Además de un tamaño colosal (con altura media de 75 metros por encima de la superficie y una profundidad máxima de 170 metros), el ruido ensordecedor cuando se desprenden los trozos del glaciar provocan una profunda ansiedad de fotografiar cada perspectiva del “Perito” y capturar alguno de esos bloques desprendiéndose. Se ofrecen unas excursiones excelentes como la del “Big Ice” (excursión de todo el día con crampones por encima del hielo), múltiples navegaciones por uno y otro lado del brazo del lago y por supuesto, las magníficas pasarelas con las mejores vistas del glaciar.

 

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Detrás del glaciar, encapsulado en la cordillera andina se encuentra la masa de hielo patagónica (campos de hielo sur), la segunda concentración de hielo más grande de America (después de Stikine de Canadá y EEUU) y tan solo superada por las plataformas de hielo de Groenlandia y la Antártida. Una de las reservas de agua dulce más grandes del planeta. Este Campo se puede divisar en las excursiones a la Estancia Cristina desde El Calafate, en navegaciones al glaciar Upsala (para viajeros que buscan comodidad) o desde los innumerables senderos de la capital del trekking mundial El Chaltén y su impresionante montaña Fitz Roy (si lo que buscas son experiencias irrepetibles). Ambas altamente recomendables.

 

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Un poco más al sur y entrando en el país chileno nos encontramos con el macizo granítico de Las Torres del Paine (las torres del cielo azul), sin duda una de las atracciones más famosas de la Patagonia. Una cordillera formada por 4 picos que rozan los 3.000 metros de altitud donde el viento y la climatología son extremos. De un momento a otro puedes pasar de vientos huracanados a un día de verano completamente calmado. Votado por National Geographic Society como uno de los 5 lugares más bonitos del mundo, el lugar, las imponentes torres y ese increíble contraste entre la estepa amarilla, lagos multicolores, bosques de lengas, macizos graníticos y nieves, dan al Parque Nacional el colofón a un viaje ya de por sí sublime.

 

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“…Seguimos esperando haciendo lo posible por no congelarnos y estuvimos a punto de bajar sin divisar las torres cuando vimos que se empezaba a hacer tarde, pero un té caliente con jengibre de nuestro guía, una pequeña dosis de paciencia, suerte y perseverancia, hicieron que la borrasca cediera durante unos minutos. Visto desde su base, con una pared vertical de prácticamente 2.000 metros desde nuestra perspectiva, el colosal macizo de granito en contraste con el cielo azul es simplemente sobrecogedor.”

“La Isla de los Tiburones”

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Fotos de Pierre Lobel & Sea Hunter.

Las bicis y la montaña son mis grandes pasiones y mi día a día, pero no son las únicas, la vida marina junto con el buceo y el surf son también grandes fuentes de inspiración para mi. Hace tiempo pasé algunos años viajando por todo el mundo inmerso en ese azul que ahora tanto añoro y siendo de Madrid, es normal que me ponga un poco sentimental cuando hablo de el. Con gran nostalgia y mucho cariño, comparto mi experiencia a bordo del Sea Hunter (www.underseahunter.com) en Diciembre del 2006 cuando me dedicaba en cuerpo y alma al buceo recreativo y me dieron la oportunidad de trabajar a bordo de este único barco.

Thonier costaricain avec ses filets relevés Puntarenas (Costa-Rica)

©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

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©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

Traversée vers Malpelo

©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

Océan Pacifique, entre Malpelo (Colombie) et Cocos (Costa-Rica)

©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

El 03 de Diciembre del 2006 a eso de las tres de la tarde el Sea Hunter levó anclas del puerto de Punta Arenas (Costa Rica) rumbo a la Isla del Coco. 334 millas náuticas (535km) nos separaban de uno de los 10 mejores “spots” de buceo del mundo según la organización de buceo PADI y uno de los lugares que todo buzo de verdad ha de visitar una vez en la vida. El Pacífico estaba manso y reflejaba todos los colores del atardecer. Desde un azul profundo hasta ocres que parecían estar envueltos en llamas. Mi trabajo durante la travesía era el de un marinero más, limpiar la cubierta, realizar las guardias manteniendo el rumbo del barco, anotaciones en la carta de navegación, estar al tanto del radar y la radio y realizar las comprobaciones rutinarias de la sala de máquinas. Un día y medio de navegación es lo más normal para llegar hasta Coco’s (depende del estado de la mar) y en ese tiempo puedes disfrutar de la luna, las estrellas, delfines, tortugas, peces voladores y si tienes suerte ballenas y tiburones también.

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©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

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©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

Llegamos muy entrada la noche y al levantarme fui corriendo a la cubierta para ver la mítica “Isla del Tesoro”. Desayuné viendo el peñón de “Manolita” en el noreste de la isla, con el Pacífico azul celeste, el cielo repleto de Booby’s (Ave marina: Alcatraz) y mirando la isla tal y como se la imaginaba Michael Chricton para su novela “Jurassic Park”. Y es que en este viaje todo es de película, desde las imágenes que aparecen al comienzo de la cinta de Steven Spielberg hasta las imágenes que aparecen del barco de los malos en la saga de 007 “Licencia para matar”. Por si eso fuera poco, el barco cuenta con un submarino capaz de bajar hasta los 500 metros de profundidad con 2 clientes por inmersión. El sumergible DeepSee, el mismo que han utilizado muchos de los científicos y directores de documentales para rodar la mayor parte de las imágenes de los abismos que llegan hasta nuestros televisores.

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©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

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©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

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©Pierre Lobel – http://www.pierrelobel.fr

El primer día siempre es de mucho trabajo para la tripulación, ya que hay que botar las “pangas” (dos lanchas fuera-borda para toda la semana de buceo), colocar las dos cubiertas para que a los clientes no los falte de nada y estar listos para que según terminen el desayuno realizar el brieffing de seguridad y el de los buceos siguientes del día. El primer buceo lo hicimos en la misma pared de “Manolita”, un buceo de 20 metros en el que la sensación de azul impacta hasta al más experimentado buceador gracias en parte a una visibilidad de más de 50 metros y a ese azul tan característico de Coco’s. Desde mi primera bocanada de aire bajo el agua ya no podía creer la cantidad de vida que estaba viendo, un océano infestado de tiburones de aleta blanca, tortugas, jureles, atunes, rémoras,cangrejos, morenas, pargos y las preciosas Marble Ray. Algo sencillamente mágico para un primer buceo, no importa donde hayas estado buceando antes. Tras una primera inmersión así el ambiente del grupo no puede ser mejor y la felicidad de todos era palpable. Más tarde volvimos a la pared de “Manolita”, esta vez en la parte expuesta al Océano (y a sus desfiladeros al abismo). A 35 metros de profundidad y en posición estática, escondidos tras los pináculos de roca e intentando soltar las menos burbujas posibles para no asustar a ningún tiburón, da la sensación de estar en un teatro esperando a que empiece el espectáculo. Entonces empiezan a pasar las escuelas de tiburones martillo. Cuando vi asomar de la profundidad un animal tan bello, grande y majestuoso por primera vez, la sensación fue indescriptible. Vimos unos 10 tiburones martillo de entre 3 y 6 metros y al salir todo el grupo estaba emocionado de haberlos visto tan de cerca, pero el Capitán Cristiano que nos acompañó para ver al grupo (y evaluar al nuevo Divemaster) nos dijo que de poner nota a ese buceo no llegaría ni a un 2 de 10. Por lo tanto nos quedaba mucho por ver todavía en Coco´s.

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Uno de los buceos que más me impacto ese primer día (en realidad todos me dejaban con la boca abierta) fue el nocturno. Un buceo en el que tienes que controlar muy bien la flotabilidad para nadar por encima de cientos de tiburones de aleta blanca muy activos, unos encima de otros como lobos acechando a sus presas. Atacan en grupo todo tipo de presas entre las rocas, arrasando todas las cuevas, dando coletazos y pasando a milímetros de tus extremidades con movimientos bruscos arriba y abajo. Las pulsaciones se aceleran a medida que aumenta la acción y el comportamiento de estos magníficos animales, una mezcla de temor y curiosidad que te hacen sentir realmente vivo.

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Después de llenar tanques, preparar material del día siguiente y planificar los buceos bajo una luna, el Capitán me encomendó asegurar el ancla al día siguiente en “Punta María”. A las seis de la mañana, con el sol aún saliendo por el horizonte estaba a solas con Cristiano en medio del azul, en un pináculo de roca a 40 metros de profundidad asegurando el ancla para tirar una línea y facilitar así el buceo a los clientes que vendrían después. Me dieron los buenos días dos tiburones martillo y otros dos tiburones Galápagos muy territoriales. Mientras subíamos una vez asegurada el ancla, el más grande de los tiburones galápago recorrió unos interminables 20 metros en línea recta directo hacia mi, interesado en saber que hacía un tipo como yo en un lugar como ese. Después de unos cuantos círculos a nuestro alrededor al final perdieron interés en nosotros y se marcharon dejándonos a solas con unos Wahoo (Caballas) preciosos en nuestra parada de seguridad. Desde entonces, el trabajo de asegurar la línea de buceo a primera hora de la mañana era mío y sin duda fue una de las experiencias más inolvidables de toda mi vida.

Requin des Galapagos

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Desde aquél buceo en “Punta María”, se destapó la caja de Pandora y empezamos a ver las míticas escuelas de Martillos a diario, nuestra primera escuela sería de unos 40 tiburones, pero en los días siguientes llegamos a contar cientos de martillos nadando desde las profundidades del océano hasta los pináculos de roca donde nos encontrábamos, todos tan tímidos que una simple burbuja les asusta. Los vimos de todos los tamaños, crías pequeñas junto a sus madres de más de 5 metros, todos nadando en perfecta armonía. En uno de los buceos más famosos de la isla; Alsión, vimos las escuelas de martillos más numerosas, una montaña marina con su punto más alto a unos 30 metros de profundidad donde también estaríamos estáticos y pegados a la roca mirando a las profundidades como si fuera una pantalla de un cine. “Lobster Rock” también fue especial, una roca situada muy cerca de la isla por donde cae una cascada de agua dulce y por donde siempre merodean muchos tiburones. El que vimos fue un enorme tiburón de punta negra muy relajado que se dedicó a dar vueltas alrededor de la piedra hasta que todos los clientes le sacaron todas las fotos que quisieron. Pero quizás “Dos Amigos” es el más interesante de bucear por su variedad y formaciones de roca repletas de cuevas y galerías. Un buceo con muchísima vida en el que las vistas son como las que te imaginas en un sueño. Allí vimos peces Rana (Caminantes), escuelas de águilas marinas, morenas, tiburones de punta blanca y en cuanto salimos a superficie, nos topamos con una enorme manta Mobula con la que pudimos hacer snorkel.

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Y es que todos los buceos en Coco’s impresionan. Se bucea siempre en profundidad usando Nitrox (aire comprimido con mayor mezcla de Oxígeno para poder aumentar los tiempos de fondo), casi todos ellos con fuertes corrientes y con muchas olas y baja visibilidad en la superficie debido a la lluvia. Por eso se trata de una de las operaciones de buceo de recreo más exigentes del planeta, por que se trata de una isla remota, lejos de todo y en donde cualquier situación de emergencia se puede complicar y mucho. A bordo del Sea Hunter cada buzo lleva una baliza GPS en el chaleco en caso de emergencia ya que si la corriente divide al grupo y hay baja visibilidad, el capitán de la lancha puede tener complicaciones para dar con todos solamente siguiendo el rastro de las burbujas. Por eso es importante mantener el grupo unido siempre y no despistarse siguiendo algún animal, ya que en cuanto te separes de la roca, las fuertes corrientes te llevan mar adentro sin que puedas hacer nada.

 

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En la isla del Coco no existe ningún asentamiento para turistas, está completamente virgen si no fuera por la caseta de los guardas del Parque y los cerdos salvajes que han proliferado desde los tiempos en que los piratas los soltaban por allí para tener algo que comer que no fuera pescado. Se dice que el libro de “La Isla del Tesoro” está inspirado en esta remota isla y de hecho aquí se han encontrado restos de tesoros, el último se encontró atado a una argolla en 1948 en la misma pared de “Manolita” donde buceamos el primer día. Es uno de los lugares del mundo en los que más llueve, con unas grandes reservas de agua potable repleta de cascadas, ríos y pequeñas lagunas. Un lugar inhóspito e inaccesible, pero que hoy en día esconde el mayor tesoro bajo sus aguas repletas de vida. Uno de los lugares con mayor concentración de grandes pelágicos del mundo y también conocida como la “Isla de los Tiburones”. La joya de la corona de todos los Parques Naturales de Costa Rica y un lugar único en el mundo junto con las Islas Malpelo de Colombia.

 

Miguel & Bari, siempre agradecido,

 

JMB

 

I Love Nelson, B.C.

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He tenido el privilegio de visitar dos veces este encantador pueblo de montaña canadiense, epicentro del movimiento Freeride y con una de las mejores ofertas de Mountain Bike mundial. No te dejes engañar por su filosofía Hippie, tranquila y desenfadada, este pequeño pueblo de la Costa Oeste es uno de los sitios más exigentes, divertidos y técnicos para montar en bici del planeta.

Nelson está situado en la zona más sur e interior de la Columbia Británica, una zona colonizada a finales del siglo XIX durante la llamada “fiebre del oro”. Considerado el pueblo #1 de las artes en Canadá, el pueblo es muy bonito y presume de tener una de las mejores colecciones de edificios antiguos restaurados de toda la costa oeste canadiense. A día de hoy su principal ingreso es el turismo. Un lugar bendecido con el lago Kootenay y con las hermosas Montañas Selkirk, un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza y de los deportes de montaña. En invierno tiene una de las mejores ofertas de Ski del mundo y en verano ocurre lo mismo para los amantes de las dos ruedas. Lugar de obligado peregrinaje para todo Mountain Biker que visite la zona.

 

Cityscape

 

La leyenda de Joey Schwartz y Robbie Bourdon

Nelson no solo se ha transformado en uno de los lugares con los senderos más técnicos y exclusivos del planeta , sino que también fue uno de los sitios claves donde comenzó la revolución del Freeride. Mike Kinrade, Kurt Sorge, Garret Buehler, Shawn Denny, Riley Mcintosh, Nick Cima, Robbie Bourdon, Derek Chambers, Russ Fountain y Evan y Joe Schwartz llaman a Nelson casa. La productora de vídeos Freeride Entertainment tiene su base aquí y prácticamente la totalidad de los 10 primeros vídeos de New World Disorder están rodados en los más de 100 senderos y bajadas de Nelson. Aquí fue donde los locales Joey Schwartz y Robbie Bourdon protagonizaron muchos de los trucos y locuras que inspiraron a miles de pilotos de todo el mundo a montar en bici siendo completamente libres y llevando ese mismo estilo de vida.

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La primera vez que llegué a Nelson me impresionó la cantidad de gente joven andando por las calles repletas de cafés y terrazas al sol, Hippies jugando al Hacky Sack o tocando la guitarra y con la playa del pueblo repleta de preciosas chicas en bikini. La tienda “Sacred Ride” (una de las tiendas de bici de culto) Chris, Jeff, Lee Roy Brown, Derek, Simon, Doug, Pat, Mike y Thomas son solo algunos de los que se volcaron con nosotros durante las dos estancias en Nelson. Más de 100 caminos y senderos marcados y preparados para el mountain bike más agresivo y divertido, bajadas con más de 3.000 metros de desnivel, remontes con furgoneta tipo “Monstertruck” y las 100 cervezas de los miércoles en Sacred Ride son solo algunas de las cosas que te esperan en este increíble pueblo canadiense.

 

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En Nelson puede pasar que mientras esperas el remonte en “Sacred Ride” de pronto pueden aparecer allí Evan Schwartz (hermano del mítico Joey Schwartz), Robbie Bourdon y Steve Rommaniuk como si nada a por la última bajada del día.  También puedes hacer bajadas con Mike Kinrade  (4º en el Red Bull Rampage), Kurt Sorge (ganador del Rampage 2012) y Garret Buehler sin que parezca nada extraño.

 

 

Pat Williams y Dirt Tours

 

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Pat Williams es otro de los grandes nombres en Nelson, dueño de la única agencia de remontes y tours para bicis de montaña, Dirt Tours. Es el biker más experto en cuanto a caminos de toda la costa oeste canadiense y sin duda un gran piloto que se convirtió en nuestro guía oficial. A pesar de que Nelson es uno de los lugares más conocidos para montar en bici del planeta, encontrar los caminos y salir a montar no es del todo fácil. Si queréis hacer de vuestra experiencia en Nelson algo seguro, divertido e inolvidable, es mucho mejor hacerlo con Dirt Tours (www.dirttours.ca). Perderse y hacerse daño en estos caminos sin un guía como él es muy fácil. Dirt Tours suele hacer remontes saliendo de la tienda “Sacred Ride” todos los miércoles, sábados y domingos.

 

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“Bald Face” (cara calva)

Se trata de uno de los descensos más largos y exigentes de la zona y el acceso hasta allí es complicado, más de 2.000 metros de desnivel hasta el refugio de “Bald Face”, un lodge de lujo que en invierno ofrece a sus clientes una de las experiencias de nieve más auténticas de todo Canadá. Nada mejor para subir hasta allí que un “Monster Truck” (todoterreno tipo Bigfoot) como el de nuestro amigo Doug (Ford F250 del ‘78 con ruedas de 60 pulgadas, motor de 6.700 c.c. y con una opción para ir a escape libre con unos 500 caballos de potencia). Desde allí tienes un descenso muy técnico y con una fluidez perfecta enlazando los descensos “Swamp Donkey”, “Cherry Bowl”, “Shitaker”, y “Shanon Pass” en una sola bajada que dura más de dos horas. Impresionante.

 

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Las 100 cervezas de “Sacred Ride”

¿Que tienda de bicis conocéis en la que una vez a la semana queden todos los locales para celebrar tanta pasión por el Mountain Bike? El día de las 100 cervezas en la tienda “Sacred Ride” de los miércoles por la tarde es toda una experiencia. Ritual del equipo de la tienda que tras el cierre, todos los amigos, riders y conocidos pasan por allí con cajas y cajas de cerveza para intentar beberse 100 cervezas compartiendo una tarde de culto a las dos ruedas. Las normas son que nadie puede comer nada, nadie puede beber otra cosa que no sea cerveza y nadie se puede ir hasta que no haya 100 cervezas vacías.

 

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Los clásicos “Gold Member Trail” y “Powerslave”

Otra excursión obligada para hacer en “Monster Truck” (o en su defecto helicóptero) es el venerado descenso “Powerslave” y “Gold Member”. El sendero más largo y con más desnivel y por el cual Nelson es realmente conocido. Un camino con más 3.000 metros de desnivel acumulado y una excursión que dura más de 4 horas ya que lamentablemente hay que empujar hasta la cima de Mount Todd. Los lugares por los que pasas son sencillamente increíbles. Hay momentos en los que no todo es bajada ya que hay que conectar entre sendero y sendero, pero estar allí perdido en territorio Grizzly y encontrar todos esos módulos de madera, losas de piedra, curvas, peraltes, saltos y más saltos es una pasada. El famoso sendero “Goldmember” fue construido hace más de 100 años por los mineros para transportar todo ese oro y plata que iban sacando de estas imponentes montañas. Lo transportaban mediante carros que dejaban caer por unas sinuosas líneas de ferrocarril muy parecidas a las de una montaña rusa. Después de tantos años, esas líneas quedaron en el olvido y los locales de Nelson las usaron para crear el descenso más divertido y espectacular que podamos imaginar. Había momentos en los que el camino era tan empinado que el sendero desaparecía, simplemente tenías que confiar en que era por ahí. Después enlazas con “Powerslave”, el descenso de una de las secciones estelares de la película “Life Cycles”, en el que el “Flow” es exquisito.

 

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Recuerda:

-Nelson es un destino turístico muy popular en el oeste canadiense, así que hay que asegurarse de reservar todo con la suficiente antelación. Para aprovechar bien su precioso lago Kootenay os recomendamos quedaros en kootenay Glacier Resort (www.kootenayvacation.com). Cada unidad de acomodamiento tiene su propia cocina y barbacoa y todo a un precio muy razonable. No hay nada que bata a un buen baño después de todo un día por esos caminos.

-Si lo que quieres es estar en el centro del pueblo y estar cerca de la tienda “Sacred Ride” (y cerca también del ocio que ofrece Nelson) te recomendamos el hotel “The Hume” (www.humehotel.com), un precio más que razonable y uno de los mejores desayunos de toda la costa oeste.

-Nelson tiene dos importantes tiendas de bicis , Gericks (www.gericks.com) y nuestra base de operaciones “Sacred Ride” (www.sacredride.ca). Desde ambas tiendas se solventará cualquier necesidad ciclista que puedas tener incluso alquiler de bicicleta y material y remontes e información.

-Aprovecha la gran oferta culinaria que ofrece Nelson y degusta sus desayunos psicodélicos de Baker Street. No dejes de probar la “10 mile burguer” de “Mike’s Bar and Grill” y por supuesto, sal un día de marcha por este encantador pueblo. ¡No te defraudará!

-“Bald Face Lodge” es uno de los hoteles más selectos y exclusivos para la oferta de esquí en invierno. Divididos en pequeños chalets de 8 plazas con todo lujo de detalles, está situado en lo alto de la montaña que le da su nombre y desde hace unos años están ofreciendo toda esa experiencia de ser uno de los líderes mundiales en oferta de esquí para ofrecer lo mismo a los amantes de la bici de montaña. A más de 2.500m de altura, alrededor de este increíble hotel no hay nada. Servicio exclusivo de comida “Gourmet” 4 veces al día, servicio de remontes, con guía (Mike Kinrade) y muchos detalles más. Información y reservas en www.baldfacelodge.com