mountain love

Por encima de las montañas

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Vistas al río desde las cataratas de St. Mary en Glacier National Park, Montana.

 

Cuando pasas tiempo en la naturaleza, extraviado en lo salvaje y especialmente en las montañas, existe una sensación de tranquilidad difícil de hallar en nuestro día a día en el trabajo. Sensaciones que te llenan de humildad, felicidad, calma y eterna gratitud. Percibes con toda claridad la realidad de la vida (aunque ahora ya lo olvide poco a poco), lo insignificantes que somos y la necesidad imperiosa que tenemos los seres humanos de volver a conectar con la naturaleza. El naturalista John Muir escribió en uno de sus artículos “manteneos cerca del corazón de la naturaleza, y de vez en cuando romper hacia un lugar lejano intacto, escalar una montaña, pasar una semana en el bosque. Limpiar vuestro espíritu.” Pienso que por encima de las montañas, solo están Dios y nuestros antepasados, por eso pasar tiempo en ellas es una buena manera de conectar con nosotros mismos.

 

Este verano decidimos hacerlo. Conectar de nuevo con las montañas y los cielos estrellados. Un viaje en familia empezando por Seattle y su fabulosa costa y que nos llevó hacia el este hasta el Parque Nacional de Yellowstone, al norte hasta el Parque Nacional de Jasper y de vuelta por el lejano oeste canadiense hasta Vancouver. Nuestro primer Road Trip en mayúsculas con nuestra hija de 3 años puede parecer algo ambicioso por distancias y noches de camping, pero sin duda ha sido toda una experiencia.

 

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Lake Crescent, en la península de Olympic, Washington.

 

Quisimos que nuestra primera etapa del viaje fuera por la costa del estado de Washington para tener la sensación de hacer un plan de verano (playa, como buenos españoles). La costa no es infinita, pero casi, y es difícil elegir qué lugares visitar, aunque para nosotros las islas de San Juan era por donde queríamos empezar ya que es uno de los mejores lugares del mundo para avistar Orcas. El desembarque es en un pueblo de pescadores donde todo está cuidado al detalle: Friday’s Harbour, con un café fantástico (Cheesecake café) mirando a la marina y la bahía plateada. Allí se ofrecen múltiples servicios y actividades para disfrutar de la isla. Hacer kayak en el Lime Kiln State Park es sin duda la excursión más potente ya que puedes tener encuentros con estos increíbles mamíferos realmente cerca (ha de ser muy temprano por la mañana así que es imprescindible hacer noche en la isla). Otra opción por supuesto es contratar una excursión en barco, con dos salidas al día y con una mayor probabilidad de encuentros con este fantástico animal. También se pueden alquilar bicis o motos para recorrer la isla y disfrutarla a tu ritmo visitando todos sus parques, playas, desfiladeros y lugares en definitiva, mágicos. Tiene fama de ser uno de los lugares con más movimiento hippie de Washington State, además de un festival de jazz muy conocido (los primeros días de agosto).

 

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Friday’s Harbor, Islas de San Juan

 

No menos impresionante es conducir por la US 20 desde Anacortes (puerto de entrada a las islas de San Juan) rumbo al sur por  la isla Widbey haciendo parada en el parque estatal de Deception Pass (muy recomendable, vistas asombrosas y senderos preciosos) para después tomar el ferry y comer en el pueblo pesquero de Port Townsend. Una vez allí, ya estas en la península de Olympic, hogar de uno de los Parques Nacionales más impresionantes de todo E.E.U.U. tanto por extensión, como por variedad de ecosistemas ya que presume de tener selvas templadas a unas latitudes muy poco habituales así como la cadena de montañas Olímpicas de paisaje alpino y una línea de costa dramática famosa porque salía en la película de Crepúsculo (Ruby Beach). Todo en esta hermosa península es digno de ver y disfrutar con tranquilidad, dedicando un tiempo a explorar sus áreas más remotas. Aunque los lugares más turísticos como Hurricane Pass, el lago Crescent, las aguas termales y cataratas de Sol Duc junto con la selva de Hoh, fueron los lugares que más nos impresionaron.

 

 

Pero el viaje debe continuar, y aunque nos falte tiempo para disfrutar de todo como nos gustaría, hemos completado la lista de lugares que queríamos visitar de nuestra primera etapa en los alrededores de Seattle (creemos que con buena nota). Empezamos a dejar la costa atrás y nos adentramos hacia los enormes bosques de la Cordillera de las Cascadas y hacia la montaña más alta de E.E.U.U. continental; el Parque Nacional Mount Rainier. Un auténtico coloso de 4.392 metros sobre el nivel del mar y según dicen, uno de los volcanes más peligrosos del mundo, por la concentración de glaciares masivos (la mayor concentración de ellos en E.E.U.U. exceptuando Alaska). Esta formación es visible desde la capital de la Columbia Británica y desde cualquier avión comercial que vuele hacia Seattle o Vancouver. Su magnitud es tal, que llega a ser algo espiritual encontrarte con ella frente a frente.  Por eso Mt. Rainier es uno de los Parques Nacionales más bonitos que hemos conocido. Por sus bosques en las faldas del volcán llenos de cedros y abetos de hasta 1.000 años de antiguedad, por sus pintorescos pueblos de alrededor como Longmire o Pacwood, su fauna con osos, pumas y ciervos, fácil accesibilidad (Paradise, cuenta con un camino pavimentado para sillas de ruedas y carritos dentro de los 100 mejores paseos naturales de los E.E.U.U.), pero sobretodo, el contraste de las flores de todos los colores con el pulido granito de sus valles irguiéndose en la inmensidad del cielo azul y las relucientes nieves de sus glaciares. En definitiva, un lugar de visita obligada para todos aquellos que viajen a Seattle.

 

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Cumbre en el Paradise trail cerca del Panorama Point, Mount Rainier

 

Seguimos adentrándonos en el interior de los E.E.U.U. hacia el estado de Utah, con paradas interesantes como Rimrock Lake, las cataratas de Palouse Falls State Park o la sorprendente ciudad de Coeur D’Alane con su imponente lago. Si eres como nosotros y te gusta dar pedales en la naturaleza, aquí se encuentra una de las mejores zonas de cicloturismo de los E.E.U.U., con una vía ciclista por la naturaleza de 72 millas (119 kilómetros), perfectamente pavimentada y que conecta esta ciudad con el pueblo minero de Wallace. El contraste entre la ciudad y el pueblo es muy representativo de la cultura americana (antigua y moderna) y la naturaleza acompaña el viaje en todo su esplendor. El pequeño pueblo de Wallace es encantador, repleto de servicios muy originales y actividades en la naturaleza. Es la entrada al puerto de montaña de Lookout Pass, una estación de ski que cuenta con otra atracción imponente para las dos ruedas. El Hiawatha Trail, unas antiguas vías de tren adaptadas ahora al ciclismo de montaña que recorren 25 kilómetros de bosques con cedros ejemplares, túneles de más de 3 kilómetros por debajo de las montañas, puentes que cuelgan del cielo, antiguas aldeas mineras,.. Y lo mejor de todo es que es ¡Todo bajada! con una organización excepcional, bicis de alquiler para todos los gustos, carritos, vacas para el coche y hasta un servicio de recogida al final del camino que te vuelven a subir de vuelta hasta la estación de esquí para devolverte a tu coche y seguir el camino. Podéis ver todo esto y mucho más en http://www.ridethehiawatha.com/

 

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Vistas del Hiawatha Trail con uno de los puentes por los que se pedalea.

 

Y es que el camino a Yellowstone es largo. Es el precio que hay que pagar para llegar a un ecosistema de más de 9 millones de hectáreas de abundante naturaleza. Pasados los estados de Idaho y Montana, conocimos dos ciudades muy recomendables; Missoula y Bozeman (Wyoming) antes de llegar al Parque Nacional de Yellowstone. El primer pedazo de tierra protegido al avance de la humanidad de nuestra historia. Una isla ecológica dentro de un mar de impacto humano y uno de los pocos lugares del territorio norteamericano en el que todavía se puede imaginar (y recordar) lo que era el ciclo de la vida cuando todavía existían las grandes migraciones. Osos, lobos, pumas, ciervos, bisontes, alces, renos, castores, truchas y un sin fin de fauna muy fácil de encontrar. Géiseres, calderas, cráteres y ríos de lava extintos por donde pasan cataratas imposibles. Bosques, montañas, lagos y rápidos. Todo dentro de un parque muy bien capacitado donde a pesar de las grandes afluencias de público, puedes perderte en lo desconocido así como ver lo más turístico en familia y seguirás con la boca abierta.

 

 

La experiencia en camping es perfectamente recomendable, no hay nada como levantarse y desayunar con un bisonte a unos metros de la tienda de campaña y que tu hija alucine (literal). Los animales están tan tranquilos adentro del parque que en el camping es muy fácil encontrarte con muchos de ellos. Además están muy bien organizados, baños perfectamente limpios, parcelas con suelo vegetal (muy cómodo para montar tiendas), agujeros para el fuego con parrilla, duchas relucientes (de pago), lavandería, tienda, restaurante, charlas naturalistas cada noche, etc,.. Tan solo hay que ir bien preparados y tener un poco de suerte con el tiempo (a nosotros nos nevó en finales de julio). Los alojamientos en Lodge & hotel dentro del parque tienen un precio alto, pero lo más complicado es conseguir disponibilidad, por eso es muy importante adelantarse al máximo si quieres estar en las mejores localizaciones. A nosotros 5 días se nos hicieron cortos dentro del parque ya que las distancias son enormes, aunque mínimo diría que 4 días para ver lo esencial.

 

 

Pero este viaje no acababa aquí. Queríamos seguir adentrándonos en las rocosas y después de decir adiós a Yellowstone fuimos rumbo norte a otro Parque Nacional: Waterton-Glacier National Park, el primer Parque Internacional de la historia ya que lo comparten E.E.U.U. y Canadá. Lugar de nacimiento de 3 de los ríos más importantes de Norteamérica; Nelson, Columbia y Mississippi. El macizo montañosos considerado como “la corona del continente” atrae a las especies de los territorios del norte, especies marítimas del oeste, de las praderas y sabanas de Ontario y como no, las del sur de las rocosas. Todo en un espacio muy reducido y de topografía espectacular. Glaciares, bosques, lagos, ríos, picos y llanuras repletos de senderos muy bien comunicados entre si gracias a un sistema de lanzaderas que cada 30 minutos recorre la arteria principal del parque y conecta cada entrada y salida de los senderos con los parkings y centros turísticos, permitiendo así una movilidad excelente. Seguimos además en tierras de osos y grandes carnívoros como el puma y el lobo con un índice de supervivencia exagerado, por eso siempre recomiendan llevar siempre un spray anti osos y evitar caminar solo, siempre en grupo y haciendo ruido, para evitar encuentros peligrosos.

 

 

Como nuestro viaje trataba de alejarnos de la rutina al máximo huyendo de teléfonos, televisiones y luz artificial, seguíamos con nuestro plan de acampar y disfrutar de las noches a la luz de la Vía Láctea. De veras es impresionante lo prohibido que tenemos verla en los lugares más habitados del planeta. Según un informe de International Dark Sky Asociation, más de DOS TERCIOS de los estadounidenses no pueden ver la Vía Láctea desde sus casas y si todo sigue como hasta ahora un 99% no la podrán ver en el 2030 https://www.nps.gov/glac/learn/nature/night-sky.htm. No somos conscientes de la importancia que tiene para los animales (y nosotros mismos) los cielos no contaminados luminicamente ya que se guían por ellos para cazar, reproducirse, navegar o simplemente saber donde están. Monte Rainier, Yellowstone y Glacier son parques que cuidan mucho la contaminación lumínica y por eso las noches en la intemperie escondían un regalo tan especial. Así que pasamos de largo la ciudad de Calgary y fuimos directos a por otro Parque, esta vez en Canadá, el Parque Nacional de Banff.

 

 

Primera noche (de tres) en un camping más modesto que los que encontrábamos en E.E.U.U. aunque si hay que decir que las duchas no son de pago (eso es un plus), pero un estado de alerta por riesgo de fuego en todo el territorio de Alberta y British Columbia nos negaba la posibilidad de encender nuestras fogatas, así que menos contaminación lumínica para los cielos canadienses. El pueblo de Banff tiene muy buen ambiente, con miles de actividades que hacer y en donde lo esencial es visitar las Cascadas del río Bow y el Teleferico de Banff a la cima Mtn. Sulphur (increíbles vistas), así como excursiones de rafting (imposible con la pequeña) e infinidad de senderos para terminar con un café obligatorio en el hotel Fairmont. De camino a Lake Louise es imprescindible visitar el Cañón Johnston y hacer un pequeño paseo a las cascadas Upper. Ya en el bonito (y concurrido) Lake Louise, es muy recomendable el paseo a un salón de té que sale por un caminito del hotel Fairmont, parecido al de Banff, pero con menos encanto. La puesta de sol en el Morrain Lake es muy recomendable.

 

 

Tres días en Banff son pocos, así que si podéis, estirarlos. Nosotros tuvimos que poner rumbo a Jasper y de camino nos encontramos con la carretera escénica más bonita de todas, se disfruta cada metro, por eso recomendamos conducir despacio, admirando la belleza de las rocosas y hacer paradas en diferentes miradores y puntos de interés; Glaciar Crowfoot, Peyto Lake, Bow Lake, Cascadas Sunwapta y Athabasca, etc,.. Solo el trayecto es merecedor del viaje, aunque tengas pocos días, simplemente es sobrecogedor. Además de la posibilidad de ver desde el coche ciervos, osos, aves,… Jasper tiene la perfecta armonía entre entorno y ambiente, la sensación es que el pueblo es jóven, deportista y comprometido con su espectacular naturaleza. Allí encontrarás todos los servicios que puedas necesitar y esta vez el camping, bastante mejor que el de Banff. La primera mañana nos encontramos con un oso negro subido a la copa de un árbol en nuestro camping y fue absolutamente delicioso verle trepar el cedro antes de empezar nuestra caminata. Realizamos una excursión muy bonita que a lo largo del río Atthabasca y hasta el lago Annette donde pasamos la tarde en la playa disfrutando de un merecido descanso. Y es que las posibilidades de andar por senderos en Jasper son prácticamente ilimitadas, con senderos también para bici de montaña, actividades como rafting, excursiones a caballo, lugares impresionantes como el lago Maligne. También cuenta con otro Fairmont, esta vez más tipo Lodge en una ubicación de nuevo mágica con un precioso lago y las mejores vistas de Jasper. Subir al teleférico y disfrutar de sus vistas espectaculares te permiten en días de claridad, ver Mt. Robson (la montaña más alta de las rocosas canadienses).

 

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Un oso negro encima de nuestras cabezas sobre el sendero del río Athabasca

 

Pero es que Banff y Jasper son solo el principio si te quieres extraviar en el oeste Canadiense. Después de conocer el Mt. Robson y si tus ganas de viajar te lo permiten, puedes seguir las rocosas hasta llegar al Yukón, adentrarte en Alaska y bajar en barco por los fiordos conociendo la isla de Vancouver. Whitehorse, Denali, Toffino,… Son tantos los lugares que se quedan en el sueño de bosques y montañas por conocer, que a pesar de haber recorrido más de 6.000 kilómetros de pura naturaleza, seguimos queriendo más. Sueños que se repetirán a lo largo del año transmitiendo fuerza y voluntad de cumplirlos. Sueños que también ayudan a vivir.

Cerramos los ojos, soñamos y en tres, dos, uno, estaremos haciendo maletas de nuevo.

 

Claves para el éxito de un viaje con niños:

-No seguir un guión muy estricto de viaje, dejando lugar para la improvisación.

-Intentar agrupar muchos días en los puntos más interesantes del viaje, para que en caso de no llegar a tiempo, puedas permitir eliminar un día.

-No viajar más de 400km en un solo día.

-Llevar juguetes fáciles de usar en un coche así como una buena playlist de canciones infantiles que le gusten.

-Para niños de 4 años, intentar mantener los caminos sin mucha elevación, circulares y que no excedan de los 5 kilómetros.

-Tener siempre agua y comida y ropa de abrigo.

-Paciencia y empatía.

-No ser exigente con la cantidad de lugares y actividades que se quieran conquistar

-Llevar siempre un seguro de viaje familiar, ya no solo por cosas graves (razón fundamental), también pueden pasar cosas sencillas como perderte la maleta en el avión con todas las fotos del viaje (como es nuestro caso) y reclamar sin seguro puede convertirse en una auténtica pesadilla.

 

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